sábado, 4 de marzo de 2017

Papel desdoblado.

¿Has conocido la forma en la que el esmalte carmín desgarraba su piel?
¿Cómo, el rojo en el rojo, describía jirones biológicos? ¿Y el grito, el placer en el grito?
"Me he aburrido ya de todas las noches y del taciturno tabaco dentro de ellas"
Hablaste como si ya no fueras joven. Hablaste como si estuvieras muerta.

¿Sabes que me deshice en tus susurros de muerta? ¿Y en el carmín, en el purulento carmín?
El negro entraba desde el cielo hasta tu boca, y centellas crepitaban bajo tus incisivos.
"He visto la entrada, y no hay entrada. He visto la salida, y no ha salida"
Dejaste escapar un tranquilo, prolongado suspiro. ¿Resignación? ¿Vehemencia?

Había hormigas aplastadas bajo tus zapatos. Algunas mordían las medias rotas.
El barro había perfumado los dos lazos que adornaban tu empeine, tu fino empeine.
"La canción ha sonado varias veces; todos los días de todos los años. ¿Era un violín, o era un teléfono?"
Apretaste la escarcha del bordillo con los dedos, como si ello te hiciera sentir viva.

Un eco brotó de mi garganta, como un murciélago goleándose contra las paredes de una caverna.
Un coche pasó despacio delante nuestra, sus brillos metálicos reflejaron nuestras finas sombras.
"La inmortalidad no es intensidad. Siempre hay un precio. Mi precio es mi belleza"
Me dejé resbalar hasta que quedé recostado sobre la escarchada acera. Estaba drogado de melancolía.

Así, me miraste, ladeaste la cabeza y me diste tu paquete de cigarros. Hacía frío.
Chascaste los dedos y virutas de hielo perlaron tu chaqueta. Parecía que habías recordado la canción.
"He besado a listos, a estúpidos, a guapos y a feos. ¡Qué fatalidad desprendía su entrega!"
Mujer inconformista. Sonreí con suave ironía. Chascaste los dedos de nuevo.

Dibujé una tarta de cumpleaños con los cigarros. Otros los deshice en su miseria.
Un olor a café venía a veces desde una cafetería al otro lado de la calle.
"Tú has venido al mundo solamente para saber lo que soy yo, para abrirme y cerrarme"
Me concediste demasiado en ese momento. Un despecho muy natural en ánimo de fracaso.

Soplé los días dorados, viste en mis pupilas las infructuosas escaleras de caracol hacia el dónde.
No querías hablar del tema, así que cerré los párpados y la escalera se deshizo en velo desértico.
"Ya no somos nada. Hemos perdido nuestra fuerza al inicio, y todo porque somos demasiado perfectos"
Asentí mientras empujaba con el pie el paquete de tabaco, hasta que cayó a la alcantarilla.

Los espíritus aristocráticos viven como la bella voz tras el cristal empañado.
Anhelante, perfecta, ingenua, frustrada. Fugaces destellos prendiendo un triste anochecer.
"Dáme la mano. Es lo único que me alivia ya. He dicho adiós a todas las pasiones zafias"
Te arrojé mi mano como si fuera una herramienta pesada. La cogiste, distraída, como niña y su muñeca.

"Sólo me lamento de una cosa"
Una emperatriz, olvidada por todos sus súbditos.
"De no ser solamente el humo de aquella chimenea"
Unos labios de porcelana, bajo el profundo océano.
"De no ser solamente el olor de ese café"



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